¡Mi hijo se desconcentra al estudiar!

Escrito por Katia Castellares
Psicóloga y docente (PUCP). Especializada en desarrollo cognitivo, orientación académica y vocacional, y tutoría. Trainer del Instituto Feuerstein de Israel. Responsable de la Oficina de atención psicológica Bienestar Letras en Estudios Generales Letras en la PUCP. Esta publicación forma parte del blog “Padres” de Zona Escolar PUCP, a través del cual se proponen temas que son abordados con mayor detenimiento en las charlas que organiza el programa Postulando Juntos a la PUCP. Si desea consultar en “Agenda” nuestras próximas actividades, haga clic aquí.
 ¡Mi hijo se desconcentra al estudiar!

En ocasiones vemos que nuestros hijos están frente a un video juego o un libro de su interés  por varias horas, mientras que cuando tienen delante un tema a estudiar de Matemática o Comunicación, se alejan a los cinco o diez minutos. Ello suele suceder por un aspecto fundamental que influye en la concentración: la motivación o estado de necesidad frente a la tarea. Algo similar puede ocurrir en el momento de las clases y esto puede afectar de manera positiva o negativa el proceso de aprendizaje.

La atención es un proceso de percepción sensorial que filtra en un inicio lo que afectiva y racionalmente agrada o desagrada, para luego seleccionar cantidades de información que son ampliados, la atención está presente al percibir, comprender, asimilar y fijar algún contenido para después evocarlo al rendir una evaluación.

Como padres, podemos propiciar algunas condiciones básicas para que los niveles de atención y concentración se desarrollen con normalidad como son: el sueño (8 horas diarias en estudiantes de secundaria), una adecuada alimentación (que incluya vitamina B y fósforo), fomentar ritmos continuados de estudio (35 a 45 minutos sin interrupciones seguidos de intervalos de descanso de 5 a 10 minutos aproximadamente) y apartar los estímulos irrelevantes, (separar del ambiente de estudio aquellos objetos de interés que podrían aumentar las probabilidades de distracción).

Por otra parte, es importante que el adolescente pueda clasificar los temas o cursos a estudiar por su grado de dificultad y complejidad (baja, media y alta), y al mismo tiempo evaluar sus niveles de atención y concentración antes de estudiar. Por ejemplo, si el adolescente identifica que está poco concentrado y precisa estudiar, entonces puede empezar con alguna tarea o tema que le represente un bajo nivel de dificultad, y más bien cuando reconozca que su concentración es mayor entonces cambiar a un curso o tema que identifique como de mayor nivel de dificultad o complejidad.

Es oportuno recordar que los adolescentes pueden centrar su pensamiento en recuerdos, ideas que quieren probar, preocupaciones, fantasías y comentarios que pudieron haber verbalizado con sus pares, y ello suele presentarse al momento de estudiar. Al respecto es prudente que el joven disponga momentos para pensar estas cosas que le son importantes y les otorgue un tiempo para analizarlos y así le generen menos probabilidades de distraerse.

DEJA UN COMENTARIO