Evaluación vocacional integral: qué debe incluir

Escrito por Katia Castellares
Psicóloga y docente (PUCP). Especializada en desarrollo cognitivo, orientación académica y vocacional, y tutoría. Trainer del Instituto Feuerstein de Israel. Responsable de la Oficina de atención psicológica Bienestar Letras en Estudios Generales Letras en la PUCP. Esta publicación forma parte del blog “Padres” de Zona Escolar PUCP, a través del cual se proponen temas que son abordados con mayor detenimiento en las charlas que organiza el programa Postulando Juntos a la PUCP. Si desea consultar en “Agenda” nuestras próximas actividades, haga clic aquí.
 24/09/18

 

Uno de los medios en que los adolescentes y jóvenes pueden profundizar en su autoconcepto vocacional es mediante un proceso de evaluación. Algunos recurren a cuestionarios en línea que luego de algunos minutos les indican algunas opciones a seguir. En realidad una evaluación vocacional integral debiera empezar con el motivo de consulta del evaluado, el cual puede ser explorado en una entrevista, para después en base a sus necesidades, diseñar un protocolo de evaluación.
Por lo general, la evaluación debiera contemplar en primer lugar la historia del proceso de madurez vocacional, conocer sobre los intereses tempranos, juegos y pasatiempos, áreas de mayor seguridad en cuanto a aptitudes, y expectativas a mediano y largo plazo. Con este referente, luego se podrían identificar cuestionarios o tests que se ajusten a la edad del adolescente y que además tengan puntajes de calificación adaptadas al medio local.
Entre las áreas a evaluar tenemos: el desarrollo intelectual, conocer el potencial de aprendizaje, el nivel de habilidades matemáticas, verbales, viso espaciales, musicales y/o kinestésicas (en caso se consideren opciones artísticas). Luego, se encuentran los intereses, aquí exploramos las preferencias o gustos para posteriormente validar cuáles sí pueden ser considerados como carrera o profesión. La personalidad, que incluye las cualidades y valores más característicos para compararlos con el perfil profesional y así reconocer que en el futuro se dé mayor identificación.
También y no menos importante, serán los recursos académicos, como lo son los hábitos de estudio, para así conocer si hay áreas que deban reforzarse para cuando se acceda a estudios superiores, y el estilo de aprendizaje (analítico, reflexivo, investigador, aplicativo) para comparar si las preferencias en cuanto al aprendizaje coinciden con el tipo de enseñanza en la carrera y con ello se propicie una mejor adaptación académica.