Elegir la carrera por ellos vs ayudarlos a elegir

Escrito por Diego Bello
Diego Bello Luna, Licenciado en Psicología Clínica, egresado de la Pontificia Universidad Católica del Perú, estudiante de maestría en Psicología Comunitaria. Con experiencia de trabajo en proyectos educativos comunitarios con poblaciones vulnerables y trabajo clínico con niños, adolescentes y adultos. Psicólogo en la Oficina de atención psicológica Bienestar Letras en Estudios Generales Letras de la PUCP.

Como padres, de seguro que siempre queremos lo mejor para nuestros hijos; por eso, cuando llega el momento de que ellos tengan que iniciar la vida universitaria, queremos que no se equivoquen y que elijan bien la carrera.  Con miras a este objetivo, muchas veces incidimos en su elección, queremos que estudien una carrera  de “éxito”, rentable y que “garantice su futuro”, carreras que “den plata”. Y en el extremo, decidimos nosotros la carrera por ellos, porque creemos conocer cómo funciona el mundo, somos adultos, “hemos vivido más tiempo y sabemos más”.

Las comillas en el párrafo anterior no están puestas en vano sino que nos ayudan a problematizar enunciados que algunos padres utilizamos comúnmente en nuestros discursos. Estos enunciados no son exactos y algunos de ellos reproducen estereotipos que en muchos casos no son ciertos y contribuyen a que nuestros hijos tomen decisiones erradas que afectarán su futuro.

Al asegurar que solo la elección de determinadas carreras traerá consigo el éxito,  reforzamos la idea de que el éxito está en la carrera en sí misma y no en las aptitudes naturales de nuestros hijos y en el potencial que pueden llegar a desplegar.  Además, no nos detenemos a pensar que quizás estudiar una carrera “rentable” no sea su vocación y le traerá frustraciones en el futuro.

A veces, sin darnos cuentas, les transmitimos la idea equivocada  de que el fin último, lo que debemos alcanzar en la vida no es la felicidad, si no la acumulación de dinero. Caemos en esta idea equivocada que el dinero garantiza la felicidad.

Por otro lado, si nuestros hijos aprenden que el fin último es la felicidad, van a buscar en la vida ser felices y en este camino es muy probable que la bonanza económica también llegue. Por ejemplo, si les damos libertad en la elección de carrera, escogerán una  de acuerdo a sus aptitudes y así podrán desplegar todo su potencial; al hacerlo, es muy probable que sean exitosos y buenos profesionales y esto los puede llevar a obtener un buen empleo y con ello una buena remuneración. “No existen buenas carreras, existen hijos que saben elegir buenas carreras”