¿Cuándo realizar una evaluación vocacional?

Escrito por Katia Castellares
Psicóloga y docente (PUCP). Especializada en desarrollo cognitivo, orientación académica y vocacional, y tutoría. Trainer del Instituto Feuerstein de Israel. Responsable de la Oficina de atención psicológica Bienestar Letras en Estudios Generales Letras en la PUCP. Esta publicación forma parte del blog “Padres” de Zona Escolar PUCP, a través del cual se proponen temas que son abordados con mayor detenimiento en las charlas que organiza el programa Postulando Juntos a la PUCP. Si desea consultar en “Agenda” nuestras próximas actividades, haga clic aquí.
 07-03-2018-05

A parte la información escrita, la revisión de páginas por internet, visitas guiadas a centros de formación y entrevistas a profesionales, uno de los medios que puede ayudar al adolescente a  conocer y elegir una carrera,  es realizar un proceso de evaluación vocacional. Aquí describiremos en qué situaciones puede ser más conveniente recurrir a este apoyo.

Un buen momento para realizar una evaluación vocacional dependerá del motivo que el adolescente tenga. Si es para explorar aptitudes intelectuales o intereses, entonces podemos empezarla desde los 15 años, edad en que las operaciones formales del pensamiento ya están consolidándose y el adolescente también ha tenido variadas experiencias escolares y extra curriculares y espera saber si alguna de estos puede mantenerse como hobbies o más bien considerarlos como profesión.

Si el propósito es perfilar o reducir opciones para posteriormente tomar una decisión, lo más conveniente será  realizar una evaluación a partir de los 16 años, edad en la que por etapa de desarrollo, el adolescente presta más atención a su personalidad y valores, pues se encuentra en proceso de definir su identidad. A partir de esta etapa, el análisis que se puede realizar es más complejo y enriquecedor.

¿Y si se es mayor?. Bueno, hay jóvenes que luego de haber elegido y experimentado  uno o más semestres de estudio en determinada carrera, se dan cuenta que no se sienten tan a gusto con ella  y empiezan a cuestionarse sobre qué tan identificados están con dicha carrera y si a largo plazo se visualizan ejerciéndola, pues afloran nuevas inquietudes o intereses que los confunden. Cuando este proceso se torna más borroso, una evaluación vocacional integral podría ayudar a clarificar más el panorama, favorecer el autoconcepto vocacional y así el o la  joven tendría un punto de partida más objetivo para luego continuar con el proceso de toma de decisión vocacional.